miércoles, 27 de noviembre de 2013

'Entre Bieber y Beadles' {1}


-______ -

Metí las maletas dentro de la que sería mi nueva casa, mi despeje, el olvido de todo lo relacionado con la música y la interpretación.
Estaba segura de dar este enorme paso. Una nueva vida, que por un tiempo, serviría para quitarme todo de encima, sé que podría haber echo esto antes, pero me encontraba a gusto tal y como estaba. Una vez que mi madre no superó el cáncer que estaba sufriendo, fue cuando me hundí.
Ella siempre había estado conmigo, dándome todo el cariño que necesitaba. Sus opiniones buenas sobre la música, y un poco más duras sobre la interpretación.
Me hubiera gustado que hubiera pasado más años conmigo. Solo fueron dieciocho. Por lo que se ve, todos suelen tener a sus madres con ellos en lo que maduran, se casan, forman una familia... Pero a mi ni siquiera me vio madurar, lo hice cuando se fue de mi vida.
Me tuvo con diecinueve años, por eso mismo me ha estado cuidando siempre, para que lo pudiera cometer el mismo error que ella.
Aunque siempre me solía decir que yo no había sido un error, si no todo lo contrario, una supuesta ''bendición'' que Dios le brindó.
Ella era muy creyente, en cambio yo, era atea, cosa que no le agradaba demasiado, pero siempre respetaba mis gustos y opiniones.
Dejé las maletas en la entrada.
Arrastré lentamente mis pies hasta, el que supuse, que sería el salón.
Una gran chimenea adornaba la estancia, las paredes pintadas de beige hacían juego con las cortinas, de un blanco desgastado.
Pero en una mirada, hubo algo que acaparó totalmente toda mi atención.
Justo al lado de la ventana yacía un hermoso piano negro.
Mis pies se dirigieron solos hacia el prestigioso piano, sin poder evitarlo, pasé suavemente mis dedos sobre las teclas de este.
Cerré los ojos, fundiéndome con las notas a medida que caían sobre mis oídos. Aquello era puro placer para mi persona. Sin quererlo, la melodía que escuchaba tocar a mamá mientras yo supuestamente iba a clases de ''idiomas'' comenzó a ser tocada por mis dedos. Recuerdo que ella comenzaba a tocarla, cuando yo me ''iba'' por la entrada principal a clases de idiomas. Pero después, volvía a entrar por la enorme puerta trasera, eso hacía todas las tardes. Desde pequeña fui muy traviesa, quizás, demasiado, no quería acatar órdenes, siempre hacía lo que yo quería.
Después de aquellos nostálgicos recuerdos, sonreí inconscientemente, la extrañaba tanto...
Otro recuerdo inundó mi mente.
Cuando empecé en la música, cuando comencé a salir en toda clase de revistas, y todo tipo de programas de televisión, y páginas webs. Todo comenzó a ser tan diferente... Pero ella siempre estuvo ahí para apoyarme.
Jamás dejé mis tonterías de lado, nunca.
Y de ahí el nombre de mis fans, mis queridas Craziers.
Dejé el piano. No lo pensaba volver a tocar, había venido aquí precisamente para desviarme de la música, y tener un piano no ayudaba demasiado.
Me dirigí al que sería el aseo. Era grande, espacioso, tal y como me gustaba.
Saqué el forro blanco y celeste donde guardaba mis lentillas, de color azul apagado, las usaría mientras mi estancia aquí en Atlanta.
Las puse con molestia sobre mis ojos mieles.
Perfecto.
Me miré, estaba muy diferente, ni siquiera parecía yo misma, hasta ahora no había caído en cuenta de lo importante que era el color de la mirada.
Aquí comenzaría la vida de ______ Crowford, y _______ Hudson desaparecería por un tiempo.
Quería salir, despejarme un poco más, pero estaba sola y no conocía nada de este sitio.
A hacer amiguitos, que bien. Aplaudí mentalmente ante la ironía de mi desquiciada mente.
Recogí mi pelo en una cola alta y salí de mi nueva casa.
El barrio era inmenso, las casas blancas y gigantescas, con enormes cristaleras en todas ellas.
Anduve un poco, hasta llegar a encontrarme en un inmenso parque, lleno de altos árboles, con farolas pintadas de verde oscuro, que cuando llegara la noche, alumbrarían tenuemente el hermoso parque.
Los bancos estaban tintados de blanco, cerca de estos, papeleras.
Este sitio estaba de lo más bien cuidado.
  • ¡Jazzy, Jaxon! - oí una voz que gritaba aquellos nombres, me resultaba familiar...
Pero mi miedo era que me descubrieran, que se dieran cuenta del juego que ______ Hudson acababa de comenzar, no, definitivamente nadie podía saber aquello, ni por mucha confianza que le tuviera.
Oí pequeños pasos que andaban con rapidez, y sin poder evitarlo más, me giré. Eran dos pequeños rubios, el chico no tendría más de cuatro años, y la pequeña, seguramente menos de seis.
Se quedaron mirándome completamente quietos. No entendía la reacción de los niños, dudo que supieran quién era yo, ya que las lentillas me hacían parecer otra persona diferente. ______ Crowford.
Tras los dos pequeños, apareció un chico alto, rubio, como los dos niños, o quizás de color un poco más oscuro y desgastado, pero no demasiado. Me fijé en los ojos del chico... Mieles, grandes y bonitos. Eran del mismo color que los míos.
¿Justin Bieber?
En mi boca, sin si quiera quererlo, se formó una notada ''O''. El chico se dio cuenta al instante, murmuró algo por lo bajo, pero no me enteré de lo que decía.
Quizás él me hubiera tomado por una de sus locas fans, que se pondría a llorar, gritar, saltar, e incluso, ''correr en círculos'' como solían hacer sus fans. Pero si pensaba eso, se equivocaba, yo no le atosigaría.
Le comprendía, y tanto. Estaba acostumbrada a causar revuelo, por lo tanto, sabía que su ''fangirleaba'' le molestaría. Aunque de todos modos, yo no era fan suya, por lo tanto, no tendría porqué comportarme así. Ya estaba realmente acostumbrada a tratar con gente famosa. Tanto cantantes como actores y actrices.
  • Hola – me saludó, en un leve intento de parecer amable.
Mi diosa interna comenzó a realizar todo tipo de acrobacias, debido a que no se había dado cuenta de con quién estaba hablando. Tengo que admitir que pensé que no sería tan fácil hacer todo esto, pero bueno, solo acababa de comenzar, podrían descubrirme en cualquier momento.
Pero, ahora tal vez si escuchara mi voz... A lo mejor la reconocería.
  • Hola – contesté con voz temblorosa, debido a aquel último miedo.
Se notaba a la legua mi nerviosismo.
  • ¿Belieber? - me preguntó.
  • Oh, no – contesté de inmediato, a lo que el puso una cara extraña, y yo solo reí levemente ante su gesto.

No hay comentarios:

Publicar un comentario